Tradiciones 5 min de lectura Período: 1820 – actualidad

Las parrandas de Remedios: historia de la fiesta más ruidosa de la Navidad cubana

Qué son las parrandas de Remedios, cómo nacieron en 1820, por qué compiten San Salvador y El Carmen y cómo llegaron a ser Patrimonio de la Humanidad.

Trabajo de plaza iluminado y fuegos artificiales frente a la iglesia durante las parrandas de Remedios
La noche del 24 de diciembre, la plaza de Remedios se llena de luces, fuegos y música.

Hay pueblos que celebran la Nochebuena en silencio y en familia. Remedios no es uno de ellos. Cada 24 de diciembre esta pequeña ciudad de Villa Clara se parte en dos bandos, se llena de pólvora, carrozas y tambores, y pasa la noche entera compitiendo por ver quién monta la fiesta más espectacular. Son las parrandas de Remedios, la celebración navideña más famosa de Cuba y una de las más antiguas del Caribe.

Qué son las parrandas de Remedios

Las parrandas son una fiesta popular en la que los barrios de un pueblo compiten entre sí durante una noche. Cada barrio prepara en secreto, durante meses, tres cosas: un trabajo de plaza (una gran estructura iluminada que se levanta frente a la iglesia), una carroza que desfila con personajes y decorados, y un despliegue de fuegos artificiales. Todo se acompaña con música de charanga, cantos de rivalidad y el pueblo entero en la calle.

No hay jurado oficial. Al amanecer, cada barrio proclama su propia victoria, y la discusión sobre quién ganó de verdad dura, como poco, hasta la parranda siguiente.

Historia de las parrandas de Remedios

La historia de las parrandas de Remedios empieza, según la tradición, en 1820. El párroco de la iglesia mayor, Francisco Vigil de Quiñones, estaba preocupado porque pocos fieles acudían a las misas de aguinaldo, las que se celebraban de madrugada en los días previos a la Navidad. Su solución fue tan simple como eficaz: reunió a los niños del pueblo y los mandó a recorrer las calles haciendo todo el ruido posible con latas, cacerolas, matracas y pitos, para que nadie pudiera quedarse dormido.

La idea funcionó, aunque no exactamente como el cura esperaba. El ruido se convirtió en diversión, la diversión en costumbre y la costumbre en fiesta. Con los años se sumaron faroles, música, comparsas y pólvora. Como ocurre con muchas tradiciones, parte de este relato descansa en la memoria oral, y algunas versiones cambian detalles del nombre o de las fechas.

Al principio el pueblo tenía varios barrios que participaban por separado. A mediados del siglo XIX la fiesta se reorganizó en torno a solo dos, y en la segunda mitad de ese siglo quedó establecido el formato de competición que, en lo esencial, se mantiene hoy.

San Salvador y El Carmen: una rivalidad de dos siglos

La parranda gira alrededor de dos barrios: San Salvador y El Carmen. Cada uno tiene su emblema: el gallo para San Salvador y el gavilán para El Carmen. Ser de un barrio u otro es casi una cuestión de identidad familiar, y se hereda como se hereda un apellido.

Durante el año, los parranderos de cada bando trabajan en talleres cerrados al público. Carpinteros, electricistas, pintores, costureras y pirotécnicos preparan la sorpresa sin que el rival sepa nada. El secreto es parte del juego: revelar antes de tiempo el diseño del trabajo de plaza sería una derrota anticipada.

La noche del 24 de diciembre, los barrios se turnan para "salir". Desfilan las carrozas, se encienden los trabajos de plaza con miles de bombillos y se disparan los fuegos en ráfagas que se responden de un lado a otro de la plaza. Cada barrio intenta que su despliegue sea más largo, más alto y más ruidoso que el del contrario.

Las parrandas de la región central de Cuba

Remedios fue la primera, pero no la única. La fiesta se extendió a otros pueblos de la zona, que crearon sus propias rivalidades: Camajuaní, Zulueta, Placetas, Vueltas, Caibarién y muchos más, cada uno con sus barrios, sus símbolos y su calendario. En 2018 la UNESCO inscribió las parrandas de la región central de Cuba en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La candidatura abarca localidades de tres provincias: Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

El reconocimiento puso el foco internacional en una tradición que hasta entonces conocían sobre todo los cubanos, y reforzó el papel del Museo de las Parrandas Remedianas, que guarda maquetas, faroles, fotografías y piezas de antiguas fiestas.

Las parrandas entre las tradiciones navideñas en Cuba

Las parrandas forman parte de las tradiciones navideñas en Cuba, pero con un carácter muy propio. Nacieron vinculadas a la Iglesia y a las misas de aguinaldo, y con el tiempo se volvieron una fiesta sobre todo popular y de barrio.

Durante las décadas en que la Navidad dejó de ser festivo oficial en Cuba, entre finales de los años sesenta y 1997, las parrandas siguieron celebrándose, aunque en ocasiones cambiaron de fecha o se redujeron por falta de recursos. Esa capacidad de resistir explica buena parte del cariño que les tienen los remedianos, tanto los que viven en el pueblo como los que regresan desde el extranjero solo para esa noche.

Junto con la Nochebuena en familia y el lechón asado que no falta en muchas mesas, las parrandas completan el retrato de cómo se vive el fin de año en el centro de la isla.

Por qué las parrandas están entre las fiestas tradicionales de Cuba más queridas

Entre todas las fiestas tradicionales de Cuba, las parrandas tienen algo difícil de encontrar en otras celebraciones: son obra del propio pueblo. Nadie las organiza desde arriba. Cada farol, cada carroza y cada cohete es fruto del trabajo voluntario de vecinos que dedican meses a una sola noche.

Tienen también su propia banda sonora. La música de charanga, con tambores, cornetas y la típica polka parrandera, acompaña los desfiles y las "provocaciones" entre barrios. Si quieres saber más sobre los ritmos que se escuchan en las fiestas de la isla, empieza por el son cubano, la raíz de buena parte de la música bailable cubana.

Quien ha estado en una parranda suele contarlo igual: el estruendo, el olor a pólvora, la plaza llena de gente que no se conoce y, al amanecer, los dos barrios seguros de haber ganado.

Fuentes

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