Pueblos 5 min de lectura Período: 1514 – actualidad

Trinidad, Cuba: la villa del azúcar que el tiempo dejó intacta

Historia de Trinidad de Cuba: su fundación en 1514, el azúcar del Valle de los Ingenios, la Torre Manaca-Iznaga y por qué es Patrimonio Mundial.

Calle empedrada de Trinidad, Cuba, con casas coloniales de colores y el campanario del antiguo convento de San Francisco al fondo
Las calles empedradas de Trinidad apenas han cambiado desde el siglo XIX.

Hay ciudades que cambian con cada generación y otras que parecen haberse quedado dormidas en una fecha concreta. Trinidad de Cuba pertenece al segundo grupo. Sus calles empedradas, sus casas de tejas y rejas de madera y sus plazas en cuesta conservan casi intacto el aspecto que tenían cuando el azúcar convirtió a esta villa del centro-sur de la isla en una de las más ricas del Caribe.

Historia de Trinidad, Cuba: una de las siete primeras villas

La historia de Trinidad, Cuba, empieza en 1514, cuando Diego Velázquez de Cuéllar la fundó con el nombre de Villa de la Santísima Trinidad. Fue la tercera de las siete primeras villas cubanas, el grupo de asentamientos con los que España organizó la conquista de la isla. Las fuentes no coinciden en el día exacto: unas hablan de enero de 1514 y otras de diciembre de ese año.

Durante sus primeros siglos, Trinidad fue un lugar modesto. Desde su puerto partieron expediciones hacia el continente y la villa vivió del ganado, del tabaco y del contrabando con barcos que esquivaban el monopolio comercial de España. El gran cambio llegó después.

El Valle de los Ingenios: el azúcar que levantó la ciudad

A finales del siglo XVIII y durante buena parte del XIX, el Valle de los Ingenios, a pocos kilómetros de la ciudad, se llenó de plantaciones de caña y de fábricas de azúcar. Llegó a haber decenas de ingenios funcionando a la vez, y hoy se conservan más de sesenta sitios arqueológicos industriales: casas de vivienda, barracones, almacenes y restos de maquinaria.

Esa riqueza tuvo un precio que no conviene olvidar: se levantó sobre el trabajo de miles de personas esclavizadas traídas de África. Los barracones que aún se ven en el valle son la otra cara de los palacetes de la ciudad.

Con el dinero del azúcar, las familias trinitarias más poderosas, como los Iznaga, los Borrell o los Brunet, construyeron mansiones con techos altos, suelos de mármol, mobiliario europeo y frescos en las paredes. Muchas de esas casas son hoy museos. Sobre el peso del azúcar en la economía cubana hablamos en el artículo sobre la economía azucarera y las obras públicas.

La Torre Manaca-Iznaga

El símbolo del valle es la Torre Manaca-Iznaga, una torre de siete niveles y unos 45 metros de altura que se levanta junto a la antigua casa del ingenio Manaca. Fue mandada construir por la familia Iznaga en las primeras décadas del siglo XIX, aunque la fecha exacta sigue en discusión.

Sobre su función hay varias versiones. La más repetida dice que servía para vigilar a los esclavizados que trabajaban en los cañaverales; otras sostienen que su campana marcaba el inicio y el fin de la jornada, o que era sobre todo una muestra de poder. Alrededor de ella circula además una leyenda familiar sobre dos hermanos Iznaga que competían por levantar la obra más alta, uno una torre y el otro un pozo. Como tantas leyendas, es más bonita que verificable.

Por qué el tiempo se detuvo en Trinidad

A mediados del siglo XIX la economía trinitaria entró en crisis. Las guerras de independencia arrasaron parte de los cañaverales, la abolición de la esclavitud cambió el modelo de producción y el azúcar se concentró en grandes centrales más modernos en otras regiones. Trinidad quedó aislada, sin ferrocarril importante ni nuevas inversiones.

Esa decadencia económica fue, paradójicamente, lo que salvó la ciudad. Como no había dinero para derribar y reconstruir, las casas coloniales siguieron en pie. Cuando el turismo y la conservación patrimonial llegaron en el siglo XX, encontraron una ciudad prácticamente intacta.

Trinidad, patrimonio de la humanidad

En 1988 la UNESCO declaró Patrimonio Mundial a la ciudad y al Valle de los Ingenios en una misma inscripción, reconociendo su importancia como centro del comercio azucarero en los siglos XVIII y XIX. La declaración de Trinidad, patrimonio de la humanidad, consolidó el turismo como principal motor económico del municipio.

Qué ver en Trinidad

  • La Plaza Mayor, rodeada de palacetes coloniales y presidida por la Iglesia de la Santísima Trinidad.
  • El campanario del antiguo convento de San Francisco, la silueta más reconocible de la ciudad, que hoy alberga un museo.
  • El Palacio Cantero, convertido en Museo de Historia Municipal, con vistas a los tejados de la ciudad.
  • La Casa de la Música y las escalinatas, donde cada noche se baila son y salsa al aire libre.
  • El Valle de los Ingenios y la Torre Manaca-Iznaga, a unos 15 kilómetros, accesibles en coche o en el tren turístico.
  • Playa Ancón y la sierra del Escambray, a poca distancia para quien quiera combinar historia, mar y montaña.

Trinidad entre los pueblos coloniales de Cuba

Entre todos los pueblos coloniales de Cuba, Trinidad es probablemente el mejor conservado. Otras villas antiguas, como Remedios, Sancti Spíritus o Camagüey, guardan también centros históricos de gran valor, pero ninguna mantiene con tanta coherencia el trazado, la escala y el ambiente de una villa azucarera del siglo XIX.

Pasear por Trinidad al atardecer, cuando las calles se vacían y la luz se vuelve dorada sobre las fachadas, es lo más parecido que existe a viajar a la Cuba de hace doscientos años.

Fuentes

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