¿Qué significa guaricandilla? Origen, historia y uso de un cubanismo que cambió de sentido
Qué significa guaricandilla en Cuba, de dónde viene y cómo pasó de insultar a hombres afeminados en 1923 a ser un término despectivo contra mujeres.
Pocas palabras suenan tan cubanas como guaricandilla. Tiene cinco sílabas, ritmo de pregón y una carga que cualquiera en la isla reconoce al instante, aunque pocos sabrían explicarla del todo. Si alguna vez te preguntaste qué significa guaricandilla, la respuesta corta es que se trata de un insulto; la respuesta larga es bastante más interesante, porque esta voz ha cambiado de destinatario a lo largo de un siglo y guarda en su historia una pequeña radiografía de cómo los cubanos han hablado del sexo, la clase social y la "decencia".
Qué significa guaricandilla según la RAE
El Diccionario de la lengua española de la Real Academia recoge la palabra como cubanismo coloquial y le da dos acepciones. La primera, válida para hombres y mujeres, describe a una persona de comportamiento o aspecto vulgar. La segunda, solo en femenino, la usa como sinónimo de prostituta.
Esa doble definición resume bien el uso actual. En la calle, guaricandilla rara vez se emplea en sentido literal: casi nunca se está afirmando que alguien ejerza la prostitución. Lo que se busca es descalificar, y se hace atacando la forma de vestir, de hablar o de comportarse de una persona, casi siempre de una mujer.
Algunos glosarios recogen además un matiz menos conocido: el de persona insignificante. Es un sentido más difuso, pero confirma que el núcleo de la palabra es el desprecio.
Guaricandilla en Cuba hoy: cómo y cuándo se usa
La guaricandilla en Cuba de hoy es, en la práctica, una palabra dirigida a mujeres. Un repaso de CiberCuba sobre el vocabulario despectivo de la isla lo explica así: pocas veces se le dice a un hombre, porque se asocia a la prostitución femenina o a mujeres con una actitud considerada vulgar o demasiado provocativa.
En conversación suena en frases como estas, que muestran el tono habitual:
- "Esa se viste como una guaricandilla."
- "No te juntes con esa guaricandilla, que te va a buscar problemas."
- "Mira cómo grita en la esquina, parece una guaricandilla."
La palabra funciona también como juicio de clase. Llamar guaricandilla a alguien no solo apunta a la moral sexual: sugiere escándalo, falta de modales, gritería, lo que en otras épocas se habría llamado "gente de solar". Por eso no es raro oírla en discusiones de barrio, en chismes de vecinas o en el humor de programas cómicos, donde el personaje exagerado y bullanguero se lleva el calificativo.
Dentro de la jerga cubana, pertenece a la familia de palabras que casi nadie escribe pero todo el mundo entiende. No aparece en documentos formales, no se enseña en la escuela y, sin embargo, se transmite de generación en generación sin perder fuerza.
Origen de la palabra guaricandilla: lo que encontró Fernando Ortiz
Para rastrear el origen de la palabra guaricandilla hay que volver a los años veinte del siglo pasado. El primero en recogerla con cierto detalle fue Constantino Suárez en su Vocabulario cubano, donde la describía como un término para la persona de la plebe, informal y revoltosa. Es decir, en ese momento el insulto era sobre todo de clase y de conducta.
Poco después, el antropólogo Fernando Ortiz la comentó en su Catauro de cubanismos (1923), una obra que reunió cientos de voces populares de la isla y buscó sus raíces africanas, indígenas y españolas. Ortiz aportó un dato sorprendente para el lector actual: el significado primitivo de guaricandilla era "afeminado", y aplicado a hombres. Ya entonces advertía que esa acepción se estaba perdiendo.
Una etimología tentativa: guariche y "hembra"
Ortiz también se atrevió con la etimología. Siguiendo al filólogo colombiano Rufino José Cuervo, propuso que la palabra podría venir de la voz venezolana guariche o huarich, que significaba "hembra", y que según el historiador Cayetano Coll y Toste también se usaba entre los indígenas de Puerto Rico. Guaricandilla sería, entonces, una especie de diminutivo construido sobre esa raíz.
Conviene tomar esa explicación con cautela. El propio Ortiz la presentó como posible, no como segura, y la lexicografía de su tiempo trabajaba con menos datos que la actual. Pero la pista es coherente con el sentido original: si la raíz significaba "mujer", aplicarla a un hombre era una forma de feminizarlo para ofenderlo.
El detalle gramatical más revelador lo señaló el propio Ortiz: aunque se aplicaba a varones, la palabra nunca adoptaba una terminación masculina. Como escribió él, "no se dice un guaricandillo". El insulto consistía precisamente en eso, en negarle al hombre la forma masculina.
Del hombre afeminado a la mujer "de la calle"
¿Cómo pasó una palabra de señalar a hombres a señalar casi exclusivamente a mujeres? No existe un estudio definitivo que lo explique, pero hay pistas.
Por un lado, la terminación femenina facilitaba el cambio: una palabra que ya "sonaba" a mujer se deslizaba con naturalidad hacia un uso femenino. Por otro, la acepción de "persona de la plebe" que recogía Suárez servía de puente: de la gente escandalosa y sin modales se pasó a la mujer considerada escandalosa, y de ahí a la prostituta.
El escritor Ivo Basterrechea Sosa, en el blog Habana cimarrona, llamó la atención sobre esta curiosidad y se preguntó si el propio machismo no habría empujado la palabra lejos de los hombres. Es una hipótesis, no un hecho comprobado, pero ayuda a entender que el lenguaje de insulto suele moverse al ritmo de los prejuicios de cada época.
Lo cierto es que hoy muchos cubanos se sorprenden al saber que su abuelo, en 1923, habría usado guaricandilla para burlarse de un hombre.
Guaricandilla entre las palabras cubanas despectivas
Guaricandilla forma parte de un repertorio amplio de palabras cubanas despectivas: sanaco, mamerto, arrastrado, chivatón y muchas otras. Buena parte de ellas se apoya en el choteo, esa costumbre de burlarse de todo que Jorge Mañach analizó en su Indagación del choteo (1928) como rasgo del carácter cubano.
Ese humor tiene una doble cara. Por un lado, convierte la ofensa en algo casi cómico, con palabras sonoras y exageradas que hacen reír. Por otro, puede disfrazar una violencia verbal real. Guaricandilla es un buen ejemplo: suena graciosa, pero su blanco suele ser la reputación de una mujer.
Cómo se escribe y pronuncia guaricandilla
La forma correcta es guaricandilla, con "gu" inicial y doble ele al final. Se divide en cinco sílabas (gua-ri-can-di-lla), es palabra llana y no lleva tilde, porque termina en vocal y el acento cae en la penúltima sílaba.
Por qué vale la pena conocer esta palabra
Entender qué significa guaricandilla no es solo una curiosidad de diccionario. Es una forma de ver cómo el español de Cuba ha guardado, en una sola palabra, capas de historia: posibles raíces indígenas del Caribe, la lexicografía pionera de Fernando Ortiz, los prejuicios sobre el género y la clase social, y el choteo como manera de hablar.
También es un recordatorio práctico. Aunque suene simpática y muy nuestra, sigue siendo un insulto. Conocer su origen ayuda a usarla, citarla o analizarla con conciencia de lo que realmente dice.
Fuentes y referencias
- Real Academia Española y ASALE. "Guaricandilla". Diccionario de la lengua española. https://dle.rae.es/guaricandilla
- Ortiz, Fernando. Un catauro de cubanismos: apuntes lexicográficos. La Habana, 1923. Texto digitalizado en Internet Archive: https://archive.org/stream/uncataurodecuban00orti/uncataurodecuban00orti_djvu.txt
- "Guaricandilla, mamerto, sanaco y otras palabras despectivas que solo escucharás en Cuba". CiberCuba, 2021. https://www.cibercuba.com/lecturas/2021-07-08-u199370-e13-s27315-guaricandilla-mamerto-sanaco-otras-palabras-despectivas-solo
- Basterrechea Sosa, Ivo. "La palabra guaricandilla". Habana cimarrona, 2018. https://www.habanacimarrona.com/2018/11/normal-0-false-false-false-en-us-ja-x.html
- "Guaricandilla". Educalingo. https://educalingo.com/es/dic-es/guaricandilla
- "Un catauro de cubanismos". Encyclopaedia Britannica. https://www.britannica.com/topic/Un-catauro-de-cubanismos