El 5 de febrero de 1938, representantes de asociaciones afrocubanas celebraron en La Habana la Primera Convención Nacional de Sociedades Negras. El encuentro buscó coordinar la lucha contra la discriminación racial y discutir problemas jurídicos, educativos y sociales que la igualdad proclamada por la República no había resuelto en la vida cotidiana.
Qué pasó el 5 de febrero de 1938 en Cuba
La convención reunió a delegaciones vinculadas con las llamadas sociedades negras, de color o de instrucción y recreo. Estas organizaciones mantenían sedes, bibliotecas, actividades culturales, bailes, redes de ayuda mutua y espacios de debate. En una sociedad donde muchos clubes y oportunidades permanecían segregados de hecho, ofrecían a los cubanos negros y mestizos una estructura propia de participación.
El encuentro del 5 de febrero llevó esas experiencias locales a una discusión nacional. Las delegaciones presentaron mociones y buscaron una plataforma común frente al racismo. Un estudio sobre el asociacionismo afrocubano en Camagüey documenta que la representación de esa provincia propuso la equiparación jurídica y social de mujeres y hombres y la eliminación de las diferencias legales entre hijos considerados legítimos e ilegítimos.
La Convención Nacional de Sociedades Negras no fue un acto aislado. Formó parte de un movimiento de coordinación iniciado antes de 1938 y relacionado con la Federación Nacional de Sociedades Negras, conocida también mediante denominaciones que evitaban convertir el color de la piel en una frontera política permanente.
Las sociedades afrocubanas durante la República
Las asociaciones negras tenían antecedentes en los cabildos y sociedades de ayuda mutua del periodo colonial, pero adquirieron nuevas funciones después de la abolición de la esclavitud y del nacimiento de la República de Cuba. Organizaron educación, recreo, asistencia y cultura; también sirvieron para formar liderazgos y reclamar acceso a empleos, servicios y representación política.
Su existencia revela una contradicción de la República. La ciudadanía era formalmente común y el pensamiento de José Martí había defendido una nación sin jerarquías raciales, pero continuaban prácticas discriminatorias en centros privados, puestos de trabajo y espacios de sociabilidad. Frente a esas barreras, las sociedades ofrecían protección comunitaria, aunque ellas mismas estaban divididas por diferencias de clase, orientación política y estrategia.
Durante la década de 1930 surgieron nuevos medios y campañas. La revista «Adelante», publicada entre 1935 y 1938, denunció la desigualdad racial y abrió sus páginas a escritores y activistas afrocubanos. En 1936 ya circulaba un programa para una convención nacional, señal de que el encuentro posterior fue resultado de años de discusión y organización.
La movilización no perteneció a una sola corriente ideológica. Participaron profesionales, trabajadores, dirigentes de sociedades, intelectuales y militantes de distintas tendencias. Coincidían en combatir la discriminación, pero no necesariamente en el diagnóstico sobre sus causas ni en la manera de superarla.
Las demandas y las críticas desde «Adelante»
La convención examinó asuntos relacionados con igualdad legal, educación, infancia y posición social de las mujeres. Sus acuerdos buscaban que las promesas republicanas tuvieran consecuencias concretas. La coordinación nacional daba a las sociedades una capacidad de presión mayor que la actuación separada de cada club provincial.
El encuentro también recibió críticas inmediatas. En marzo de 1938, la revista «Adelante» publicó un texto de Cloris Tejo que cuestionó el alcance del congreso. La autora sostuvo que se habían atendido problemas reales, pero que la reunión representaba principalmente a una capa social negra con recursos y no estudiaba suficientemente la pobreza que obligaba a muchos niños a trabajar en las calles.
Esa objeción es importante porque evita reducir el movimiento afrocubano a una organización homogénea. La discriminación racial afectaba a personas de distintas clases, pero sus consecuencias se agravaban entre quienes carecían de ingresos, educación o conexiones políticas. Para los críticos, prohibir una conducta sin atender esas condiciones materiales significaba actuar sobre el resultado y no sobre sus causas.
La presencia de una moción camagüeyana sobre los derechos femeninos muestra otra tensión. Las mujeres participaban en las sociedades y en sus campañas, pero las estructuras directivas y el relato histórico privilegiaron con frecuencia a los hombres. La convención abrió un espacio para esas demandas, aunque no eliminó la desigualdad dentro del propio asociacionismo.
Del encuentro a la Constitución de 1940
La movilización de las sociedades coincidió con el proceso que conduciría a una nueva Constitución. Organizaciones negras, sindicatos, partidos e intelectuales llevaron la discriminación racial al debate público anterior a la Asamblea Constituyente. El resultado no puede atribuirse a una sola convención, pero el encuentro de 1938 formó parte de esa presión acumulada.
El artículo 20 de la Constitución cubana de 1940 declaró que todos los cubanos eran iguales ante la ley y calificó como ilegal y punible cualquier discriminación por sexo, raza, color o clase, además de otras lesiones a la dignidad humana. Otras disposiciones abordaron la discriminación laboral y la igualdad civil.
La nueva norma representó un avance jurídico, aunque su aplicación encontró límites. La segregación social y las desigualdades económicas no desaparecieron por mandato constitucional. Investigaciones sobre la Carta de 1940 muestran que sus debates fueron importantes precisamente porque reconocieron que la igualdad abstracta no bastaba para corregir prácticas arraigadas.
Memoria y autonomía del movimiento antirracista
Las sociedades afrocubanas continuaron activas durante las décadas siguientes y en 1952 celebraron otro congreso. Después de 1959, el nuevo Estado proclamó que la discriminación había sido eliminada e impulsó la integración desde estructuras oficiales. A comienzos de la década de 1960, las asociaciones negras autónomas fueron cerradas o absorbidas, lo que redujo los espacios independientes desde los cuales sus miembros podían formular demandas propias.
El racismo no desapareció con el cierre de esas organizaciones ni con la prohibición legal. La falta de asociaciones autónomas dificultó durante años que las desigualdades raciales fueran discutidas fuera del discurso estatal. Estudios y publicaciones independientes han recuperado posteriormente la obra de activistas que quedaron al margen del relato oficial.
Recordar la convención del 5 de febrero de 1938 permite reconocer esa tradición de sociedad civil. Sus delegados denunciaron barreras reales, formularon propuestas y contribuyeron a llevar la igualdad racial al centro del debate constitucional. Las críticas surgidas dentro del propio movimiento también dejaron una lección histórica verificable: combatir la discriminación exigía atender a la vez los derechos, la representación y las condiciones materiales de los ciudadanos afrocubanos.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasó el 5 de febrero de 1938 en Cuba?
Ese día se celebró en La Habana la Primera Convención Nacional de Sociedades Negras, encuentro de asociaciones afrocubanas que buscó coordinar demandas de igualdad jurídica, social y económica frente a la discriminación racial.
¿Qué eran las sociedades negras o sociedades de color?
Eran asociaciones de recreo, ayuda mutua, educación y cultura creadas por cubanos negros y mestizos. Ofrecían espacios de sociabilidad y organización en una República donde numerosos clubes, empleos y servicios mantenían barreras raciales.
¿Qué asuntos trató la convención de 1938?
Debatió la discriminación, la igualdad legal, la educación y otros problemas sociales. La delegación de Camagüey presentó una moción sobre igualdad jurídica y social entre mujeres y hombres y contra la distinción entre hijos legítimos e ilegítimos.
¿Recibió críticas la convención?
Sí. Un artículo publicado en «Adelante» en marzo de 1938 sostuvo que el encuentro representó sobre todo a sectores negros acomodados y no examinó suficientemente las causas económicas que afectaban a las familias más pobres.
¿Qué relación tuvo con la Constitución de 1940?
La convención formó parte de una movilización antirracista más amplia que llevó el tema al debate público previo a la Constituyente. El artículo 20 de la Constitución de 1940 declaró ilegal y punible la discriminación por sexo, raza, color o clase.
Fuentes
- Revista Panameña de Ciencias Sociales: Asociacionismo y movilización afrocubana durante la República
- Revolutionary Papers: Adelante: Blackness and Anti-Racism in Cuba
- Georgetown University: Constitución cubana de 1940
- Yale Law School: Cuba’s 1940 Constitution: A Reinterpretation
- Centro de Estudios Convivencia: El racismo y la discriminación racial en la República
- Rialta: Los intersticios de la racialidad ante las protestas sociales en Cuba
