Llegó la hora. estudiantes universitarios protestan contra ETECSA
No ha pasado mucho desde que yo era estudiante universitario en Cuba, un tiempo en el que la censura formaba parte de nuestro día a día. Viví en un país donde levantar la voz significaba arriesgarse a perderlo todo: no solo tu libertad, sino también tu derecho a pensar y a expresarte. Durante esos años, el miedo era una sombra constante, siempre presente, siempre vigilante. El silencio era la única opción para muchos de nosotros. Sin embargo, hoy, al ver lo que está ocurriendo con los estudiantes cubanos, siento una mezcla de indignación y esperanza.
La reciente decisión de ETECSA de aumentar las tarifas del acceso a Internet ha encendido una chispa de resistencia en la comunidad estudiantil, una comunidad que, hasta hace poco, parecía haber aceptado en silencio muchas de las decisiones impuestas por el gobierno. Estudiantes de la Universidad de La Habana, la Universidad de las Artes y otras facultades han decidido alzar la voz contra esta medida, marcando una diferencia fundamental con lo que yo viví en mi época como estudiante.
Las tarifas impuestas por ETECSA, que incluyen un plan básico de 6GB por 360 pesos cubanos (CUP) y precios exorbitantes para recargas adicionales, han desatado el rechazo de miles de estudiantes que ya enfrentan condiciones económicas precarias. Con un salario medio mensual de 5.700 CUP, acceder a Internet, una herramienta esencial para su formación, se ha convertido en un lujo inalcanzable. Es difícil de creer que en pleno siglo XXI, en un país donde la mayoría de los habitantes no puede cubrir siquiera sus necesidades básicas, se esté convirtiendo en un privilegio lo que debería ser un derecho. OJo, ese supuestamente es el salario medio, pero mi padre tiene una chequera que no llega a la mitad de eso, aun cuando toda la vida trabajó dentro del sistema.
Un Acto de Desobediencia Estudiantil
Cuando me entero del paro estudiantil, siento que la historia está tomando un giro que, aunque nunca imaginé, me llena de esperanza. Los estudiantes cubanos están demostrando algo que, en mi tiempo, no era ni siquiera una opción: levantarse y exigir sus derechos. En lugar de aceptar pasivamente las decisiones de ETECSA y el gobierno, están organizándose, protestando y exigiendo una solución. La comunidad estudiantil ha pasado de la sumisión al desafío. Ya no temen al castigo, no permiten que la censura siga silenciándolos.
En la Universidad de La Habana, y en otras universidades del país, los estudiantes han votado en asamblea para rechazar la medida y exigir que ETECSA revierta sus tarifas. Lo que antes hubiera sido impensable, hoy es una realidad. Esta movilización es un ejemplo claro de cómo la juventud cubana se está empoderando, rompiendo el silencio que durante tanto tiempo los ha mantenido callados. Es un recordatorio de que, cuando se lucha por lo que es justo, la censura no tiene el poder de silenciar la voz del pueblo.
En su declaración, los estudiantes de la FAMCA (Facultad de Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual) exigen «la revocación de las medidas impuestas por ETECSA» y la creación de un «espacio público abierto para el debate». Esto refleja una necesidad profunda de transparencia, de un diálogo verdadero con las autoridades, algo que, en mi tiempo, habría sido considerado una utopía. Los estudiantes también piden la renuncia del presidente de la FEU, Ricardo Rodríguez González, acusándolo de no estar del lado de los estudiantes en este momento crítico. Un acto de valentía, porque en mi época, la FEU era vista como una extensión del sistema, más interesada en mantener el orden que en defender los derechos de los estudiantes.
La Injusticia de la Medida y el Valor de la Protesta
El aumento de tarifas no es solo una cuestión económica; es una injusticia social que afecta principalmente a aquellos que menos tienen. En Cuba, donde los salarios son bajos y las oportunidades son escasas, el acceso a Internet se ha convertido en una barrera, no solo para el desarrollo personal, sino para la propia supervivencia intelectual y profesional de los estudiantes. En un mundo globalizado, donde la educación se realiza en línea, donde las oportunidades laborales dependen del acceso a la tecnología, estas medidas son un golpe directo a la posibilidad de una vida mejor.
Lo que estamos viendo hoy con los estudiantes es una respuesta valiente a esa injusticia. Ellos han dejado claro que no están dispuestos a permanecer en silencio, que no se conformarán con lo que el sistema les impone. Están luchando por un futuro en el que todos tengan acceso a la educación, a la información y a la tecnología, sin importar su nivel económico. Su protesta es un grito de resistencia, de esperanza y de cambio.
Una Generación que Rompe el Silencio
Hoy, los estudiantes cubanos están haciendo lo que yo nunca pude hacer en mi época: alzar la voz. Están desafiando el sistema, exigiendo que se les escuche, que se les respete. Y aunque en mi tiempo no era posible, ahora veo que la juventud cubana ha encontrado su espacio, su voz, su lucha. Esto es un testimonio de que, aunque la censura haya sido parte de nuestra vida, nunca fue capaz de aniquilar la voluntad de los que sueñan con un futuro diferente.
La protesta estudiantil que estamos viendo hoy es un acto de valentía y de esperanza. Es un recordatorio de que, aunque el silencio haya sido nuestra única opción durante tanto tiempo, el futuro está en manos de aquellos que se atreven a romperlo. Los estudiantes cubanos han demostrado que no necesitan ser silenciados, que su voz es más fuerte que cualquier medida que intente callarlos.
El Paro como un Desafío a la Autoridad
Este movimiento estudiantil no es solo una respuesta a las tarifas de ETECSA, es también un desafío a la autoridad, un recordatorio de que el pueblo, incluso cuando ha sido silenciado, siempre encuentra una forma de ser escuchado. En sus voces se escucha el eco de las generaciones pasadas que no pudieron hablar, pero que ahora, a través de ellos, encuentran una forma de continuar luchando por un futuro más justo, más libre.
Y como cubano que vivió bajo la censura, me siento profundamente orgulloso de ver cómo la juventud cubana finalmente se ha levantado. Estos estudiantes no solo luchan por sus derechos, sino también por los de todos. Están construyendo el camino para una Cuba en la que la voz de todos pueda ser escuchada, sin miedo, sin censura.
