Cuba se apaga: sexto colapso eléctrico nacional en lo que va de 2026
La noche del domingo 3 de agosto, Cuba volvió a quedarse completamente a oscuras. Fue el sexto apagón nacional del año y el undécimo colapso mayor del sistema eléctrico desde finales de 2024, según reportes de prensa independiente. La avería ocurrió apenas 24 horas después de otro corte parcial que ya había dejado sin servicio a 5 de las 15 provincias del país. La Unión Eléctrica (UNE) lo resumió en una frase que ya se ha vuelto costumbre para los cubanos: «Ocurre una desconexión total.»
Una crisis que no es nueva, pero que se agrava
El régimen insiste en repetir el mismo guion cada vez que el sistema colapsa: anuncia «protocolos de restablecimiento» y promete que el servicio volverá «de forma escalonada.» Pero los números cuentan otra historia. Cuba cuenta con siete termoeléctricas, todas con más de 40 años de explotación y un deterioro que los propios ingenieros del sector reconocen en privado como irreversible sin una inversión masiva que el Estado no tiene forma de pagar.
A eso se suma una escasez crítica de combustible. En 2026 solo se ha autorizado la llegada de un tanquero ruso —con apenas 100.000 toneladas de crudo— y las reservas ya se habían agotado desde marzo. El resultado son apagones que en algunas zonas del país llegan a extenderse entre 20 y 22 horas diarias, obligando al cierre de escuelas y universidades y a la paralización casi total de servicios básicos.
El origen: una crisis energética regional
Este colapso no puede entenderse fuera de contexto. Cuba dependía en buena medida del petróleo venezolano, un flujo que se cortó tras la salida de Nicolás Maduro del poder este mismo año. Washington, además, ha bloqueado el paso de tanqueros procedentes de México y otros países, y ha amenazado con aranceles a cualquier nación que suministre crudo a la isla. La administración cubana atribuye la crisis al embargo estadounidense; Washington, por su parte, señala la mala gestión interna y el deterioro estructural de décadas como causa principal. La realidad, como casi siempre, probablemente esté repartida entre ambas explicaciones, pero quien paga el costo es, una vez más, la población.
Vivir sin luz, sin agua, sin nevera
El apagón nacional no solo significa oscuridad. Sin electricidad no funcionan las bombas de agua, así que millones de cubanos —el corte afectó a los cerca de 9,4 millones de habitantes de la isla— se quedaron también sin suministro hídrico en pleno verano caribeño. Los alimentos se echan a perder por falta de refrigeración, los hospitales operan con plantas eléctricas de emergencia que no siempre alcanzan, y el comercio, ya de por sí golpeado, se paraliza aún más.
En redes sociales, los cubanos no ocultan el hastío. Cuando la Termoeléctrica Antonio Guiteras —una de las plantas más importantes del país— aseguró estar «en línea,» la respuesta popular fue de burla: «entra y sale y no se siente nada,» ironizaron varios usuarios, hartos de promesas que no se traducen en electricidad real sobre la mesa.
Una crisis sin salida a la vista
Con las reservas de combustible agotadas, la infraestructura envejecida y las negociaciones con Washington estancadas, no hay indicios de que 2026 vaya a traer alivio. Cada apagón nacional profundiza el desgaste de una población que ya enfrenta escasez de alimentos, medicinas y, cada vez más, esperanza. Mientras el régimen sigue culpando al bloqueo, millones de cubanos siguen esperando, en la oscuridad, una solución que no llega.
Fuentes: Infobae, Martí Noticias, CiberCuba, Cubanet, PanAmPost.
